
Desde hace varios años las familias con adolescentes nos encontramos con una situación añadida a las propias de la adolescencia, la irrupción de las pantallas que ocupan casi el 100% del tiempo de estos adolescentes.
De repente aparece una nueva adicción, la adicción a pantallas y como consecuencia la violencia que se asocia a la frustración del fallo en redes, móviles estropeados o los límites puestos en casa.
Cuando hablo de la familia de un adolescente con adicción a pantallas y conductas violentas, es fundamental entender que no estamos ante un problema individual, sino sistémico. La conducta del adolescente suele ser la punta del iceberg de dinámicas familiares complejas que necesitan ser comprendidas y abordadas de forma integral.
¿Qué suele estar ocurriendo en estas familias?
1. Uso de pantallas como regulador emocional:
En muchos casos, el uso excesivo de pantallas cumple una función:
- Anestesiar malestar emocional
- Evitar conflictos internos o familiares
- Sustituir vínculos afectivos o espacios de contención
La retirada o limitación de las pantallas suele desencadenar respuestas de ira, agresividad o descontrol, porque se pierde el principal regulador emocional disponible.
2. Escalada de violencia
La violencia puede aparecer:
- Verbal (insultos, amenazas, desprecio)
- Conductual (romper objetos, intimidación)
- Física (empujones, golpes, lanzamientos)
Frecuentemente se observa una asimetría de poder invertida, donde el adolescente termina marcando las normas a través del miedo, el desgaste o la explosión emocional y cedemos ante el “ya no podemos más”.
3. Familias exhaustas y desbordadas
Los cuidadores solemos presentar:
- Altos niveles de ansiedad y culpa
- Sensación de fracaso educativo
- Miedo a poner límites por temor a la reacción violenta
- Discursos contradictorios entre figuras parentales
Esto genera incoherencia normativa, que refuerza la conducta problema.
Lo más importante en este punto es establecer normas y límites consensuados entre los progenitores y coherentes con el incumplimiento, así como unidad entre ambos para sostener desde el mismo punto
4. Límites difusos o reactivos
Es habitual encontrar:
- Normas poco claras o cambiantes
- Consecuencias impulsivas tras explosiones
- Dificultad para sostener consecuencias en el tiempo
El adolescente aprende que la intensidad emocional es una vía eficaz para evitar límites.
Es necesario que existan unas normas fundamentales que tienen siempre las mismas consecuencias por su incumplimiento. Las consecuencias se ponen con “semáforo en verde” (desde la calma) y no desde el semáforo rojo (estado de explosión), no es necesario que sean inmediatas y siempre de acuerdo con la otra parte adulta. Además no son negociables en ningún momento.
Señal de alerta
Cuando la violencia está instaurada y las pantallas son el eje de la convivencia, no basta con normas domésticas: es necesaria intervención psicológica especializada para evitar cronificación, deterioro del vínculo y consecuencias legales o institucionales.
